¿COMO MANEJAR EL SUFRIMIENTO? ¿SE PUEDE?



En nuestros días consideramos el sufrimiento como algo antinatural. Recuerdo una charla a la que asistí en el que se abordó el tema del sufrimiento. La conferenciante pidió al  grupo que  levantaran la mano si alguna vez, cuando sufrían, alguien les había insinuado que no estaban bien psicológicamente o que deberían tomarse antidepresivos. Conclusión: fueron muchos los que la levantaron.
Está claro que vemos el sufrimiento como algo anormal, y no es de extrañar, es lo que nos venden. De la imagen que nos proyectan los anuncios publicitarios no hace falta ni hablar, pero incluso algunos libros de auto ayuda intentan convencernos de que si seguimos sus pasos eliminaremos completamente nuestro sufrimiento. O sea, que nos inculcan que si sufrimos es porque queremos. Y andar a cuestas con la idea de que somos culpables de nuestro sufrimiento sí que nos lo agranda.

Si consideramos que el sufrimiento es algo antinatural, acabaremos queriendo buscar un culpable” (Dalai Lama)

El sufrimiento puede acercarnos o alejarnos de los demás. Cuando nos pasa algo, para nosotros terrible, y empezamos a sufrir, a veces caemos en el error de pensar que si nosotros no conocíamos lo que era sufrir hasta ahora, los demás tampoco. Conclusión, somos los que más sufrimos en este mundo. Un fallo de humildad incluso en nuestro sufrimiento.

Como nosotros somos el centro del universo por lo que llegamos a sufrir, creemos que son los demás los que deben girar alrededor nuestro preocupándose por nuestro estado de ánimo. Pensamos que los que orbitan a nuestro alrededor no sufren como nosotros, así que no merecen nuestra atención, que debe ir dirigida sólo a nuestro padecimiento. Y si los de nuestro alrededor no se desviven por nuestra situación como nosotros quisiéramos, no somos capaces de llegar a pensar que quizá los otros también están sufriendo y no tienen espacio para pensar en la que nos parece la situación más fuerte del mundo: la nuestra.

Afortunadamente, a algunas personas el sufrimiento no los aleja del resto, sino que los une. El sufrimiento puede dar unas grandes y utilísimas lecciones de humildad. El “esto-a-mí-no-me-pasará-nunca” se destierra automáticamente de nuestra boca. De repente, al sufrir entendemos mucho más a las personas. Las actuaciones de los demás las interpretamos desde su sufrimiento, ya no se ven tantas malas intenciones, sino que nos damos cuenta de que sus comportamientos pueden venir de sus miedos, sus inseguridades, su desesperación… En estos casos, el sufrimiento nos vuelve humanos y más lúcidos.


Sólo podemos curarnos del sufrimiento experimentándolo completamente” (Marcel Proust)

Un tipo muy acotado de sufrimiento son las fobias. Podemos tener fobia a las arañas, a las alturas, a los espacios cerrados… Evitar a las arañas es algo relativamente fácil en nuestro mundo de asfalto y por tanto poco limitador. Evitar las alturas y los espacios cerrados ya es más complicado, pero muchos fóbicos se arreglan la vida evitando ascensores, aviones, y pueden convivir así más o menos bien con su fobia. De esta forma, ni siquiera se plantean un tratamiento, cuando existen terapias de conducta realmente eficaces para estos casos.

No todos los miedos que experimentamos son tan específicos como las fobias, sino que son mucho más difusos, muchas veces no los podemos ni verbalizar. Estamos constantemente temiendo algo. Ante una sensación de sufrimiento tan inconcreto, parece que lo que da miedo es la vida misma. Y acabamos evitando vivir. Algunos se dan a la bebida; otros, al trabajo o entregándose a los demás y olvidándose de sí mismos; algunos, instalándose en rutinas.


Lo importante es darnos cuenta de que el sufrimiento es algo que alguna vez aparece en nuestra vida y que no vivimos en un cuento de hadas, hay que  aceptar el sufrimiento y dejarle un espacio. No dejar que se desborde y afecte a todas las áreas de nuestra vida, hemos de ponerle unos límites e intentar disfrutar del resto de cosas que nos ofrece la vida.



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