NO PUEDO SUPERAR LA PERDIDA DE UNA PERSONA AMADA...¿QUE HAGO?




La muerte es un tema central en la vida del hombre, es algo que sabemos con toda certeza que va a suceder. Trabajo en una empresa Funeraria en el área de Recursos Humanos y todos los días vemos los servicios y escuchamos miles de historias, se muy bien que ahora mismo llego a la funeraria para impartir un curso al personal, o para mostrarle a los nuevos empleados el lugar donde van a trabajar, pero estoy consciente de que algún día, yo estaré en el lugar de esas familias que veo a diario, sé que estaré algún día en un cofre y será el momento de mi velación, y se también que algún día será un ser querido el que estará alli, y yo estaré llorando desconsolada como las personas que veo todos los días. Y es que morir o perder un ser querido es una experiencia que todos en algún momento de nuestra vida tenemos que vivir, pero para la cual casi nunca nos sentimos lo suficientemente preparados. Incluso las personas que trabajamos cerca de quienes han sufrido una pérdida, no  estamos preparados para ese momento, podemos aconsejar a los demás y explicar el proceso de duelo, pero con certeza, cuando nos sucede experimentaremos lo mismo que todos los demás y nos sentiremos perdidos y desconsolados.


El sufrimiento que se experimenta por la pérdida de un familiar o amigo es vivido de diferente manera por cada persona dependiendo de su historia, de su actitud hacia la muerte, de su personalidad y de la relación que tenía con quien murió. Aunque el proceso de duelo nunca puede ser el mismo para dos personas y el dolor se manifiesta de muchas maneras diferentes, es común que durante el proceso se experimente algunos de los siguientes sentimientos físicos y emocionales: 

- Sensación de opresión en el pecho, acompañada de aumento en la frecuencia cardíaca. 
- Sensación de vacío en la boca del estómago, con aumento o pérdida del apetito.
- Inquietud o dificultad para concentrarse y para recordar. 
- Estado de trance, permanecer sentado por horas y horas mirando al vacío. 
- Mareo y desorientación. 
- Impaciencia e irritabilidad. 
- Dificultad para dormir, pesadillas o sueños donde aparece el fallecido. 
- Enojo, culpa y/o tristeza extrema. 
- Deseo de dormir todo el día o quedarse en la cama. 
- Dificultad para realizar las labores habituales. 


Aunque sea difícil creerlo, nunca estamos preparados para afrontar la muerte de esa persona a quien tanto amamos ni podemos asimilar que acabamos de verla y en el minuto siguiente ya no está. ¿Que hacemos cuando no logramos superar la muerte? ¿Cuanto tiempo pasará para que todo vuelva a la normalidad?


Durante el proceso de duelo pueden surgir muchos otros sentimientos además de los citados anteriormente que en ocasiones confunden y asustan a quienes los viven. Cuando el dolor se torna inmanejable se llega a creer que tapándolo por medio de actividades o sustancias éste va a desaparecer, les tengo una noticia, desafortunadamente cuando se utiliza esta táctica sucede exactamente lo opuesto, el proceso de duelo se enquista y extiende por un período mucho mayor de tiempo. 


Una parte indispensable del proceso de duelo y de la recuperación de una pérdida significativa es sentir todas las emociones que surjan, y buscar un escucha empático con quien compartir estos sentimientos. 

Es común que pensemos que es obligación de nuestros familiares o amistades acercarse para brindarnos su ayuda, pero con frecuencia esto no sucede porque muchas personas sienten que no saben qué decir o cómo ayudar en momentos tan dolorosos. Si queremos apoyo no podemos esperar a que los demás lo adivinen, tenemos que tomar el primer paso, y hacer saber a los que están cerca que los necesitamos y el tipo de apoyo que queremos recibir de ellos. Al momento del funeral, todos nos ofrecerán su ayuda, todos nos dirán "Cualquier cosa que necesites estaré ahi para ayudarte" pero después de regresar del cementerio, nos daremos cuenta que la mayoría de ellos han desaparecido.

Otro error que frecuentemente comentemos en momentos de crisis es pensar que se puede huir del dolor haciendo cambios muy significativos en el estilo de vida, muchas personas se arrepienten de las decisiones que toman en esos momentos y no saben que a veces lo que más les ayuda se aloja en lo sencillo, en sentirse escuchados y en compartir su dolor. Es mejor no apresurarnos, no decidir nada ni hacer cambios en momentos de angustia.


Algo que aconsejo es que mientras caminamos por esas dolorosas experiencias de la vida, no debemos olvidar nunca que tenemos una increíble capacidad de adaptación y supervivencia. Como los grandes bosques que se queman y vuelven a crecer de nuevo, como la primavera que sigue al invierno, esa es la naturaleza de todo; sea cual sea nuestro sufrimiento, podemos seguir creciendo. Se necesita valor para creer que sobreviviremos, que creceremos. También hace falta valor para vivir ahora y no posponer la vida para un vago mañana. No digo que sea fácil, pero es TU SUFRIMIENTO, de nadie más y serás tu el único que puede decidir la forma de sobrellevarlo.
Comprender la realidad de la muerte, también nos puede ayudar a darnos cuenta de que estaremos a merced de nuestros temores y apegos  a menos que nos comprometamos a un camino espiritual. Ayuda acercarse a grupos de manejo de duelo, a clases de meditación, acercarse a clases de religión y todo aquello que nos ayude a encontrar la paz en nuestra propia soledad. 
Es muy importante recordar que cuando vivimos un duelo, somos más que nuestro sufrimiento y que, podemos trascenderlo, que tenemos que abrir nuestro corazón con amor para no perder nunca nuestra visión panorámica de la vida.
A continuación les dejo algunas de las preguntas que nos ayudarán a descubrir uno de tantos sentidos a la vida:
• ¿Qué he logrado realmente en la vida?
• ¿Qué es lo que he aprendido en el camino del amor y la sabiduría?
• ¿Cuál ha sido mi disponibilidad para ocuparme de los demás para escucharles y atenderles cuando necesitaron mi ayuda?
• ¿Cuánto respeto y comprensión he puesto en mis relaciones?
• ¿Con qué frecuencia he estado dispuesta para ir más allá de mis límites y cambiar, con valor para sanar las viejas heridas y vivir auténtica mente?

Vivir sin esa persona que amamos, supone vivir una nueva vida, una nueva existencia, pero ¿como se logra vivir?  cuando tenemos que afrontar las inevitables pérdidas de la vida, nos parecerá que nuestra existencia no es más que un sufrimiento sin sentido y no nos quedará otra cosa que el desvalimiento y la desesperación. Eso es perfectamente normal.
Debemos comprometernos con una meta en la vida que vaya más allá de la satisfacción de nuestros deseos personales mundanos, y encontrar un modo de dar algo a la vida. Entonces sabremos qué es lo más importante para nosotros. Entonces y a pesar de los placeres, los cambios, el sufrimiento o el dolor que conlleva la vida, nada nos apartará del propósito principal Las circunstancias dolorosas y el sufrimiento no nos convertirán en víctimas de la tragedia, las veremos como parte del camino de la vida, como oportunidades para la transformación y el crecimiento. Si elegimos una respuesta creativa ante cualquier situación o dificultad en que nos veamos, iremos definiendo día a día, hora a hora, el sentido de nuestra vida.
Para responder a las circunstancias en un modo que resulte transformador, necesitamos encontrar una dirección en nuestra transición, preguntándonos:
Puesto que tengo que desprenderme de todos modos, ¿qué puedo dejar ir consciente mente?, ¿Qué me gustaría crear, o en qué me gustaría convertirme?, ¿Cómo quiero que sea mi nueva existencia? No te digo que lograrás esto en el primer mes después de la pérdida, solo te digo que lo evalúes para hacerlo en el momento en que estés preparado, toma tu tiempo para llorar, para lamentarte y luego, empieza a pensar en lo que te digo.
La finalidad de la muerte es desafiarnos a tomar una decisión, la de estar plenamente presentes en el aquí y el ahora, y empezar de ese modo la vida eterna. Por que la eternidad bien entendida no es la perpetuación del tiempo que no cesa, sino más bien la superación del tiempo por el ahora que no pasa.
El momento decisivo de la vida espiritual es aquel en el que el tiempo que se acaba se transforma en tiempo de plenitud. Este permanecerá con nosotros, tanto si la muerte es un apagarse cuando se acaba el tiempo como una explosión en la lentitud del tiempo en el ahora de la eternidad. 

"La verdad es que no puedo echarte de menos
porque estoy lleno de ti"

Anthony de Mello

"No cometan un error: éste no es un camino fácil.
Pero la dificultad no es fija e inmóvil,
La dificultad existe en una falsa creencia
que está dentro de nosotros.
Hay que cambiar esa creencia
y luego será fácil decir adiós"

El Guía, Pathwork

La muerte es una experiencia. A veces aparece de un modo progresivo, en otros casos de manera inesperada, pero anunciada o sorpresiva, siempre llega a tiempo. Cada persona muere como vive y como crece; de modo inconsciente, cada ser humano planea su propia forma y momento de vivir.
La muerte es inevitable y puede ocurrir de mil maneras, pero en lo que nunca debe convertirse es en una muerte sin sentido, ya que toda muerte trae consigo un mensaje para los que quedamos vivos. Aprender la lección que nos enseña evita que una muerte sea un sacrificio inútil.

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